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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/164

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Esa tarde, ya aseado y vestido, el mendigo fué comensal en la mesa del poeta. Contó una historia triste y comió poco.

III

Gracias á la decisiva influencia de sus benefactores al poco tiempo el joven mendigo prestaba en el hotel sus servicios de mozo de limpieza.

Trabajaba con tezón desde el amanecer hasta altas horas de la noche en que la casa cerraba sus puertas. Todos alababan la noble y regeneradora acción del poeta pero nadie, aún, se había atrevido á interrogar al mendigo de ayer respecto á su opinión sobre aquella. Unos por consideración, por delicadeza; otros por indicaciones del mismo poeta. á quien tanto deseaban complacer los clientes del hotelucho y, los más, porque la ac-