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EL INFRACTOR
-¿Yo, servir? ¡No! Ni me enrolo siquiera. ¿Pa qué?
-¿Y si te agarran?
-Eso es otra cosa. Al fin y al cabo si me agarran, bueno; me harán marchar á la fuerza, pero mientras tanto yo no me ofrezco, como un cordero, para que algún bellaco, de esos que hay tantos en los ejércitos, pretenda molerme á palos con el pretesto de que no sé maniobrar como un títere. Yo, muñeco no soy de nadie, y acordáte, si por desgracia me pasa algo malo, que la culpa será de ellos.