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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/17

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tan alto como era y, en un arranque solemne, exclamó:

-¿Con los indios? ¿Qué qué se hace? ¡Ya lo he dicho, pues, ó no se me entiende!... ¡Arcabucearlos á todos! Es bien sencillo... ¿Entiende, teniente!

-Es que el capítán no había dicho... arguyó el teniente con cierta amable ironía.

-¡Pero lo dice ahora!

-¿A todos capitán? Son cuarenta...

-¡Uno es cuarenta, bárbaro! ¡A todos!

-Yo decía por el gasto de balas, capitán...

-¡Tiene razón teniente!... Que se haga entonces como se pueda. ¡Pero ni uno vivo!

Y el oficial salió con la orden tremenda.

En tanto la india muda, diríase impasible, contemplaba la escena, entendiéndola como por adivinación pues conocía poco el idioma.

¡Estaba escrito: todos morirían, la raza vencida sería ofrendada, en pira humeante, al dios trágico! ¡Oh, dolor ¡oh, sombra ¡oh, vida!

Y en los ojos de la india brilló un rayo.