-Vas por mal camino hermano y no te arriendo las ganancias. Fijáte que ellos son los que tienen la fuerza.
-Y nosotros también ¡que diablos! Digo nosotros, el pueblo. Y si no fuéramos tan mándrias otro gallo nos cantara. Un poquito de corage no más y ya verías como cambiaban las cosas.
-¿Pero entonces vos querés resistirte contra la ley? Eso no se puede, ché. ¡Contra la ley no pelea nadie!
-¡La ley! ¡La ley! ¿Y que te has creido vos que es la ley? Una maldición pa nosotros, los pobres, los desgraciados.
-La ley es igual para todos, hermano.
-Y aunque así fuera. No la acepto si ella está contra lo que yo siento. ¡Cuantas veces la ley no es sino el capricho de un maula!
-No te entiendo, hermano. Vos lees libros, te embaruyás la cabeza y me decis después á mí cosas que no he escuchao en la vida.
-Mirá hermano. Antes, cuando yo era más muchacho y veía una injusticia-¡y he visto tantas!-se me alborotaba la san-