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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/174

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porque lo habló el patron y le prometió no se qué, hacerlo capataz quizá; aquel porque lo amenazaron con expulsarlo del país si seguía á los compañeros; el de más allá porque ¡que se yo! porque no está conforme, dice, con la comisión nombrada para dirijir el movimiento; en fin, que hay no más tenés vos casi dos docenas de mandrias que entran al taller el primer día en que se declara el paro. Y no hay remedio: con esos cuantos el patron se hace el fuerte y, al poco tiempo, ¡zás! ya está de nuevo casi todo el personal antiguo trabajando ¡Y en qué condiciones!... Solo quedan afuera, para aporriarse de lo lindo, los verdaderos valientes, ó los sonsos como vos que ya no podés ni lamberte de puro pobre... Sí, hermano, convencéte: ¡todos son una punta de flojos, cobardes, traidores y sinvergüenzas! Y que querés, ché. A mi me parece que hacen bien en castigarlos. Dejá no más que les sacudan hasta que revienten. ¡Y qué diablos! Vos hacete el chiquito y en cuantito podás mostrá el diente grande y pegá el bocado que bien te lo merecés...

-Estás macaniando, hermano; y de lo