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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/176

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digo, lo único que conseguiremos, al fin, es que los patrones, los dueños y las empresas se sigan riendo de nosotros, aprovechándose de nuestra necesidad y de nuestra ignorancia.

-Dejame hablar un momento y voy á explicarte el caso. Vos crees que la huelga es un fin cuando solo es un medio, un arma.

-¡Vaya un arma linda que siempre se vuelve para el lado de quien la empuña! ¿Querés que yo te diga como hay que hacer para que la huelga sea verdaderamente un arma?

-Te lo dejo hablar todo á vos; estás en vena, no hay vuelta. Me callo, pues.

-Bueno, escuchame entonces. Imajinémosnos, por ejemplo, el movimiento del otro dia, el de los empleados de ferrocarriles. Si el primer día de declarada la huelga se hubieran reunido los más guapos, los más hombres, los más convencidos y hubieran resuelto, por sí y ante si: primero, hacer la exposición de lo que deseaban; después esperar y esperar muy poco, se entiende. Ahora bien, imajinémosnos que llega la ne-