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UN NÚMERO
Después de la huelga, que esa vez fué un nuevo fracaso para los obreros, tres quincenas habían pasado sin que, al igual de la mayoría de sus camaradas, Luis Robles, conductor de tramways desde hacia cinco años en la empresa «Metropolitana», encontrara donde ganarse el pan del día.
Inútilmente habíase ofrecido hasta de peón albañil, recorriendo de punta á punta las calles febriles de la ciudad egoísta.
-No hay trabajo, amigo... Aún tengo gente de sobra. Otro día será.
Y así todos. Parecía que los capataces y