encargados trasmitido se hubieran la frase de orden.
-¿Qué hacer? decíase Luis Robles, cruzándose de brazos como un vencido, cuando sintió agitarse en su mente una idea al parecer salvadora.
En la otra empresa, en «La Nueva», él sabía que necesitaban personal. Pero tenía forzosamente que presentarse á ella con recomendación y con nombre falso.
-Pedir la recomendación tenía á quien pero lo segundo le repugnaba. ¡Tener que ocultar su nombre como un ladrón cualquiera y para pedir trabajo! Era un colmo.
Las empresas, para defenderse, decían, del mal personal, tenían establecido un convenio. según el cual pasábanse listas en que constaban los nombres y señas individuales de los empleados despedidos por cada una. Por ese mismo convenio se comprometían á no dar trabajo á ningún obrero que se encontrara en tales condiciones.
A pesar de la repugnancia que el caso le inspiraba, Luis Robles se decidió después de llegar á una conclusión terrible. Se dijo: