avisó que debía presentarse á la gerencia á primera hora. ¿Para qué? se dijo Robles. Y arrugó el ceño.
Al día siguiente fué. Un agente de policía secreta le esperaba en la oficina junto con el gerente. Luis Robles conocía al sabueso porque un camarada había sido ya su víctima.
-¿Es él?
―Si.
-¿Luis Robles?
-Puedo asegurarlo.
-Efectivamente está en lista.
-Usted ha sido un huelguista de la otra empresa.
Es verdad, contestó Robles, con una tranquilidad aparente que hizo cambiar de postura al sabueso.
—¿Por qué ha venido usted á engañar á la empresa dando un nombre que no es el suyo?
-Pero, señor gerente, digame ¿concibe usted, en realidad, que pueda yo tener algo mio? Vamos á cuentas. Dice usted: un nombre que no es el suyo. Muy bien. Esto quiere decir entonces que yo tengo un