en su aspecto reflejado todo el orgullo de los señores. Se diría que contempla á los colegas pobres con desdén dominador.
El primer placero habla:
-¡Abrí cancha, hermano, que vá á pasar su señoría!
-Continúe usted, dice el agente.
El cochero de librea castiga al brioso tronco. Uno de los caballos tropieza, dá un salto y cae sobre uno de los coches, se le enredan los tiros y hay un momento de pánico porque las señoras que van dentro gritan asustadas.
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-Usted también vá á dir preso ahora.
—¡Yó! ¿por qué?
-Porque ha interrumpido el tráfico.
-¿Yo?
-Hágase el sonso, no más! ¿A ver el número?
-¡No te dije, hermano! A la estación! Marchá no más, porque este no entiende de chicas.
-Pero vea, agente...
-¡Qué vea, ni que agente! ¡Preséntese, le digo! Y no hable más ¿oye?...