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¡Mirame! Soy siempre la mujer primitiva tomada en la cueva después del asalto al enemigo y entregada al dominador como un premio. ¡Mirame! Sigo siendo la esclava eterna, codiciada, á quien se doblega para acariciar, esclava á quien no se teme porque ella ha gustado siempre ceder á la violencia, entregarse al más poderoso, al más fuerte. ¡Tómame, dáme tus labios, hombre blanco, enemigo de los míos y seré feliz! Esclava soy...
En un ángulo de la estancia, hacia donde la india había atraído al capitán estaba la espada de este recién desceñida.
Allí, rodeados de hombres ébrios, que dormían ó vociferaban tirados en tierra como cosas, iban á celebrarse aquellas extrañas nupcias.