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¿Saben ustedes lo que hice yo entonces? Pues ahí no más me bajé la manga de la camiseta, me le paré frente á frente y, lleno de corage, le grité cuatro verdades, dejé el trabajo y me largué á la calle pensando, más que nunca, en que el extranjero tenía razón y que el vigilante que lo llevaba era tambien algún otro pobre diablo, algún otro pobre correntino engañado, como nosotros con el trabajo, con el uniforme y la lata.....