Ir al contenido

Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/20

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
—16—

De un empujón, como al descuido, la india hizo rodar la espada que cayó sin estrépito como si no tuviera por que dar ninguna voz de alarma á su dueño.

—¡Tu vida cristiano, quiero!.....

—¡India mia!...

Y rodaron en un abrazo sobre el lecho de tierra duro y lustroso.

......................................

-¿Quiéres que te hable, cristiano? Uno es cuarenta ¿sabes?-dijo la india antes de la caricia suprema y extendiendo la mano empuñó la espada caída.

-¡India mía, india mia!... balbuceó el capitán en vísperas del espasmo.

-Uno es cuarenta ¿sabes?-volvió á decir la india haciendo un ademán brusco.

Después un alarido y un sollozo.

De un solo tajo, con su propia espada, acababa de dejarlo eunuco.

En ese momento un trabucazo resonó hondo en la noche haciendo estremecer la Pampa.

¡Uno es cuarenta, bárbaro!.....