ñaste? Se torcía y se inundada en seguida.
Charlatán de por sí, el niño y alborotado por los recuerdos, iba á seguir hablando, cuando el hombre, tomándole en sus brazos, le sorprendió así:
-A ver, contestamé y pronto. ¿Cual es tu mayor deseo? Hoy, ahora mismo ¿qué pedirías á quien pudiera colmar tu ambidión, dártelo todo?
-El niño se quedó mirándole asombrado pero no confuso.
—Mira, le dijo, yo, ahora ¿sabes? ¿todo lo que quisiera? es poco lo sé pero no importa. Ya he pensado muchas veces en eso.
-¿En qué? dijo el hombre.
-¿En qué? En eso, pues, de que tú hablas, en mi mayor deseo. Yo quisiera ¿sabes? ser el dueño, el patrón del río.
El hombre se quedó mudo un rato y el niño, viéndole así, le azuzó diciendo:
-Pero ¿y qué? ¿Te parece poco? ¿No tiene patrón el río?
El atleta reprimió un impulso. Después.
-¡No, pero lo tendrá! ¡Y el aire, y la luz, la lluvia, el sol, la vida, todo! ¡Lo tendrá, lo tendrá! Y, sin mirar de nuevo al niño,