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huyó como un loco. De quedarse le hubiera aplastado con la misma piedra que le sirviera de asiento.
Esa noche, en la asamblea obrera, pronunció tres discursos. Solo así pudo el atleta dar curso á la violencia que la frase del niño despertara en su ser. Al pronunciarla él le hubiera estrangulado. Se salvó huyendo y fulminando desde la tribuna incendiaria á todos los enemigos presentes y futuros. Antes de dormir un pensamiento le apesadumbró momentáneamente: haber engañado al niño cuando le hizo el barquito...