Ir al contenido

Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/212

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
—208—

avanzaba siempre. Entonces, lívido de coraje ó de rabia, el oficial pretendió ensayar de nuevo. Ya no era tiempo: sobre su cabeza se agitaba la masa, el banco, que descendió, formidable, abriéndola en cuatro. Solo, sin ayuda, el Hércules, atravesado el cuerpo por el plomo legal y homicida, salió á la calle donde incitó á los remisos, reunió á su alrededor á los suyos y, escoltado, con asombro de las gentes, cruzó la ciudad en dirección al barrio obrero donde tenía su guarida. Un mes después su palabra volvía á oirse en las asambleas obreras impregnada de ternuras.

En otra ocasión, triste ocasión por cierto, exteriorizó su generosidad realizando un acto que, á no ser suyo, hubiera asombrado á todos. Un compañero de taller había muerto dejando hijos y mujer en estrechez lastimosa. El Hércules vió el cuadro miserable y se propuso remediarlo solo. Acudió á su casa, tomó de ella todos sus útiles de obrero, todos sus ahorros, todo lo que había de algún valor, en fin, y corrió á realizar los objetos en el primer bric-á-brac con que tropezó en la calle. Ese mismo día la mujer, afligida, re-