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No iba al trabajo desde que se supo la noticia, la gran noticia de sus amores. Alguien que le viera por casualidad y le entrevistara en la calle dió sobre él datos extraordinarios, que, corriendo de boca en boca, llegaron á forjar una leyenda, la del Hércules triste. El Hércules enamorado sufría. ¿Qué seria ello? Nadie osó imaginarlo siquiera pero todos, sin dar con la causa de ese dolor, presintieron algo extraño, algo funesto, sombrío, como si, al escuchar la relación, sintieran á sus espaldas el soplo de un aletazo trágico.
III
Una noche de estío, amable, alegre, diáfana, el Hércules había invitado á comer á un grupo de amigos íntimos. Media docena quizá. En el comedor del restaurant