preferido, preparada de antemano, esperaba la mesa. Como otrora llegó el Hércules causando placer su presencia. Alguien creyó notar un cambio en la habitual sonrisa pero la advertencia no encontró mayor acogimiento. No todos eran capaces de penetrar aquella faz, en la que por primera vez aparecía el disimulo.
Sentados los comensales el Hércules se apresuró á manifestar el objeto de su invitación. Era aquella una comida de despedida. Un motivo muy intimo, que por el momento callaba, le obligaba á embarcarse al siguiente día para un punto que también callaba. Esta declaración la hizo en un tono especial, extraño en él, pero fué tal la seriedad del gesto con que acompañó las frases que los amigos resolvieron respetar el misterio conque las envolvía. Uno, sin embargo, se atrevió á hacer una alusión á su compromiso amoroso.-No me caso, interrumpió el Hércules, fría, casi agresivamente. Entonces el misterio tornóse absoluto y nadie osó ya penetrarlo.-Y ahora no se hable más del asunto hasta que yo escriba. Será pronto. Era una orden