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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/221

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IV

A las seis de la mañana, cuando despertó el amigo pudo ver al Hércules sentado á su mesa de trabajo, rodeado de piedras y tintas, el Hércules era litógrafo, y escribiendo calmosa pero atenciosamente. Cerca, una tetera y una taza recien servida.

-¿Quieres acompañarme? Tóma. Y le sirvió del liquido humeante.

Amodorrado aún el joven amigo contestó, aceptando, en palabras balbuceadas. Enseguida dióse cuenta de que el Hércules no había dormido aunque no fuera esa la intención manifestada al entrar en casa.

Sin embargo pensó que asuntos urgentes, relacionados con el viaje en perspectiva, le habían impedido realizar su intención y viéndole preocupado prefirió no interrumpirle. Bebió el té y se tiró de la cama.