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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/228

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gico ó es ficción de mis ojos predispuestos siempre á ver lo que no existe? Escuchad. De un tirón ha abierto su chaqueta. Como movido por un resorte uno de los curiosos huye bajo la lluvia. No puede más. Aquello es espantoso. Oculta por la ropa estaba la llaga. El hueso, la eslilla al aire, rodeada de carne fétida, podrida. Podrida, sí. Yo he sentido su hedor, la he admirado con mis ojos, la he cubierto con mis manos. ¡Estaba podrida!

Es feo ¿verdad? díjome el hombre. Pero hay algo peor aún; agregó. Y se tomó la cabeza con ambas manos como si pretendiera arrancarla del tronco. Hay algo peor y es que la llaga me duele hasta aquí. Y movía la martirizada cabeza. En tanto la herida permanecía al aire, como una bandera de odio, de rencor que no muere, que no puede morir.

El hombre me seguía mirando: Yo le di el nombre de su enfermedad.

-Sí... sí... eso me han dicho en el hospital. ¡Pero no me curan, no quieren curarme!...

¡Con qué dolor dijo esta frase: Creedme: