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constreñido por un enemigo audaz, necesitaba de su más grande esfuerzo para resistirlo. Y habló la astucia; el criollo desplegó su bandera, hizo un nuevo símbolo con diferentes colores y se lanzó á la guerra.
Vino ésta con todos sus horrores. El español residente, empecinado en sostener su dominación, llevó al extremo su actitud intransigente y la lucha adquirió los contornos de las tragedias más luctuosas de la historia. Fué la noche de América.
II
Como no hay noches eternas, aquella noche también precursó una aurora, más ó menos luciente pero aurora al fin.
Se luchaba á muerte y del choque bravío surgían chispas, raudas algunas, otras como