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EL SACRIFICADO
I
¡Adelante! Por encima de las tumbas:
¡Adelante!
GOETHE.Triste y bueno. Así era. No se le había visto llorar nunca pero su rostro, su pequeño y fino rostro de niño, parecía hecho, amasado con lágrimas y hojas de rosas otoñales. Cuánta suavidad, cuánta dulzura la que trasparentaban aquellos ojos, grandes,