muy grandes, lo único grande en aquel rostro casi enjuto; cuánta amable caricia escondida en aquella boca que solo sabía de palabras afables cuando hacia los demas iban; y qué de sombras, trágicas y crueles, en esa su frente altiva, soberana, corona espléndida de un armazón endeble, enteco, indigno para sustentarla!
Vivía amando, esparciendo á su alrededor algo así como un hálito puro de esencia humana, proyectando luz tan potente de belleza y bondad que más parecía aquel cuerpo una de esas flores-tal las pequeñas magnolias―que, después del martirio, ya marchitas y estrujadas, dan á los vientos su mas grato, su mas intenso perfume.
Vaso deforme y raro. aquel organismo, parodia infame del hombre, aplastaba su vida psíquica, desmoronándose más cuanto mayor campo de acción buscaba aquella para expandirse.
-¡Para qué he de servir? decíase el pobre niño, presa de la epilepsia, al contemplar, impotente, el combate brutal por la vida en que padres y hermanos hallábanse envueltos. A la casa pobre cada uno aportaba