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ha arrojado, á chorros, el agua fresca sacada del modesto pozo primitivo á fuerza de músculo y paciencia. Como esponjas, los grandes terrones han absorbido el líquido, todo el líquido. Después los grandes terrones se han saturado, se han ablandado para, por fin, deshacerse vencidos por la caricia húmeda y convertirse en lecho fecundo dispuesto á recibir á la pequeña planta empezada á formarse en el almácigo.
¡Pobres plantas! Apretadas, estrujadas, constreñidas por la tierra que los rayos del sol apelmazan y agrietan de trecho en trecho, se han ido poniendo tristes y amarillentas ante la presencia del bravo trabajador impotente, que las mira agostarse con la amargura en los ojos y la protesta próxima á estallar en los labios.