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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/247

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II

Amanece. Un rayo de sol, como un dardo ígneo, atraviesa la quinta de este á oeste. Un latigazo, en la mejilla del labrador, hubiera producido el mismo efecto. Hoy el sol sale para él como un castigo. En la huerta vecina chirría el eje del molino á viento cuya rueda gira, como en un vértigo, al capricho de las ondas calientes. ¡Allí tendrán verdura! No perderán la cosecha porque el pozo semi-surgente no ha de agotarse antes que llueva y el molino extrae de la misma entraña terrestre el agua que el espera, inutilmente, de lo alto...

El bravo trabajador defendería aún sus sembrados de la seca, pero esa noche ha agotado el pozo, el misero manantial que nunca surge para el pobre sino de la pri-