mera napa, y el pequeño depósito se le ha ido todo en el trasplante de esa mañana. ¿Que hacer?
Entonces el bravo trabajador se cruza de brazos como un derrotado frente á los sembrados tristes y amarillentos que él continuará mirando languidecer con la amargura en los ojos y la protesta, ahora muda pero latente en todo su ser rebelado contra la fatalidad y la injusticia.
¿Previsor? Sí. Lo había sido puesto que, á costa de muchas privaciones en sus comodidades, él había reunido, un año antes, los ahorros suficientes para adquirir la maquinaria salvadora. Pero los ahorros se fueron junto con el cadáver de la pobre viejecita, de la buena abuela que adoraba las plantas y las flores y á quien consumió la fiebre cuando estas perdían todos sus tonos vivos.
Pese al recuerdo triste y al dolor presente el bravo trabajador, rodeado de la compañera y de los hijos, espera, espera, el agua benéfica que caerá quizá mañana devolviendo á la huerta sus colores,