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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/251

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labrada, Ansina en cuanto arañe usted una poquita siquiera ya siente la mano llena...

II

Indudablemente al hablar en tal forma el maestro sentía una voluptuosidad, un placer especial, como si en realidad estuviera en ese momento saboreando el generoso producto.

-¿Dígame y en qué proporción produce esta semilla?

Se ve que el maestro no puede ahora contestar categóricamente porque hace un gesto, un mohin extraño de duda. Después: eso, según y conforme. Hay casos. Yo, por ejemplo, en la cosecha anterior sombré trescientos kilos y recogí diez mil, es decir cinco. porque, naturalmente, sembraba á medias con el dueño del campo. Pero el re-