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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/252

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sultado no es siempre el mismo. Otras veces no he obtenido ni la tercera parte. Eso cuando no he sembrado al viento, quiero decir para el diablo... Y cruzó por su frente una racha pesimista.

-¿Cómo así?

-Sí, pues, cuando la tierra me ha pagado con ingratitud el trabajo; cuando la mucha lluvia me ha echao á perder la semilla, pudriéndola.

-Claro, esas son contingencias que no pueden preveerse, digo mirando al maestro arrugar el ceño.

-Es que sembrar aquí es casi lo mismo que jugar á la lotería. Porque cuando no es el exceso de agua, son las heladas traídoras, ó, es la seca. ¿Se acuerda del mes pasado? Las quintas se perdían que era una pena. Después llovió; cayeron cuatro gotas y fué para peor. La tierra se puso como una estopa. No hay, pues, más que aguantar, tener paciencia, señorito. Ya irá aprendiendo cosas buenas. Pero no hay que desmayar por eso. Llegan años que valen por diez. Y entonces todo es color de rosa y sucede lo propio que en los cuentos...