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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/254

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petus gigantescos. Ha habido que abatirlos á golpes de guadaña. Ahora dará principio el trabajo de punteo, el más fuerte de todos los necesarios para preparar el lecho que ha de recibir la semilla.

Y los hierros cortan raices, entran en tierra y cavan, cavan empujados por un brazo joven y fuerte y por otro, sino tan vigoroso más diestro, más ejercitado, más hecho a la labor ruda y continuada. A pesar de ello puede decirse que esta vez, maestro y discípulo marchan á la par.

Hace calor. El sol está alto aún y se se trabaja sin reparo, pues el monte, á quién el astro mira de frente, se encuentra á nuestras espaldas. Se suda. Las gotas, no siempre cristalinas, cubren las frentes y ruedan por los rostros. Cuando llegan á la boca incomodan. Son salobres como el agua del mar. No hay para que esforzarse en demostrar que la brega es grande. Claro: como que maestro y discípulo se hallan empeñados en la obra de dar vuelta á la tierra!....

Ya está la lonja de terreno dividida en panes. La pala ha entrado por todos lados. poniendo al sol las raíces de los pastos que