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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/255

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servirán de excelente abono cuando entren en descomposición, se sequen y puedan mezclarse con el humus.

-En cuanto llueva, díceme el maestro, estos terrones se hincharán como esponjas. Después, de un solo golpe, con los hierros, los haremos añicos y, con el rastrillo, polvo. ¡Y eche usted semilla entonces! ¡Por mi salud que no se pierde ni una!

¿Y la seca, maestro? ¿Y la mucha agua que pueda caer? ¿Y todo lo demás que también puede venir?

El maestro me mira como absorto en un pensamiento profundo. Después sonrie. Se ve que ha encontrado la solución.

-Bien, señorito, entonces se siembra de nuevo. Lo principal es tener preparado el terreno y este lo estará pronto. Mañana quizá...

Y continuamos la labor.

FIN