parece como si rebajaran sus tallas, redujeran sus horizontes al volver á la arena común donde deben resolver los problemas acabados de plantear por sus inteligencias y por sus brazos. Fallan siempre, como si esta tarea estuviera ya fuera de sus órbitas de acción, encomendada á otras generaciones, como si el triunfo, desquiciándolos y realizando una evolución al revés, los hubiera arrancado de su centro de gravedad.
Así, empeñados en una lucha personal, los hombres de la independencia americana, después del gesto heróico, se destrozaban junto con sus pueblos derramando á torrentes la sangre en campos estériles. . . . Fué el caudillaje.
Algo como una especie de embriaguez de furor y de muerte, había hecho presa en aquellas cabezas donde persistía aún, con caracteres siniestros, la idea del desprecio á la vida desde el tiempo en que lucharon por romper yugos de afuera. A la sazón bregaban por libertarse de sus propias pasiones, proclamando el exterminio de sus hermanos en sacrificios y en glorias.