Un militar de escuela, educado en el extranjero, de donde llegara con fama de guapo -guerreado había contra los ejércitos de Napoleón- acababa de formular el siguiente postulado que en otra boca hubiera parecido ridículo por lo temerario y audaz:
-Mil doscientos hombres reclutados en las ciudades, armados según mis indicaciones, instruídos bajo mis órdenes y comprometido quedo á limpiar la pampa de foragidos.
Excusado sería decir que tan resuelta afirmación hecha por tan respetable espada, fué atendida sin pérdida de tiempo y que meses después la llanura temblaba estremecida por la marcha de un soberbio regimiento de caballería que si en su activo de gloria no contaba el hecho de haber peleado contra Napoleón, educádose había de acuerdo con la disciplina de los valientes que le resistieran.
Días hacía que la presencia de un caudillo gaucho molestaba á los inquietos vecinos de uno de los más importantes núcleos de población del sur de Buenos Aires, cuando se anunció la llegada del famoso militar al frente del flamante regimiento.
-¡Por fin! Y la tranquilidad fué en el