Un día de descanso y el regimiento se puso en marcha, rumbo al sitio donde la indiada y el gauchaje alzado acampaban. Ya verían estos, quienes eran los soldados que la severa disciplina europea educara. Contra ellos nada podrían la astucia gaucha, ni la ferocidad querandí. El ínclito jefe, poniendo en ejecución tácticas modernas aprendidas en luchas dignas de lauros y consagraciones -desbaratado fué con ellas el plan de un insolente invasor de pueblos- decidido había la suerte de los habitantes pampeanos, los terribles foragidos cuya actitud rebelde detenía la obra de los civilizadores bárbaros.
Todo insometible es un foragido juzgado con el criterio del dominador. Así el militar ínclito, al frente de su regimiento en tren de asolar la Pampa, ocupaba, en relación al indígena rebelde, el sitio que Napoleón ante los pueblos que pretendiera atar al carro de sus victorias. El ínclito militar no pensaba que el presente invasor de la Pampa fué ayer foragido en Europa resistiendo á la espada de otro invasor.