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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/42

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donde lucieron al aire y brillaron al sol los blancos de los sables y los amarillos oro de los galones.

La columna gaucha estaba todavía á tiro de fusil cuando volvió á hacer alto.

- ¡Paso de carga!

Y el regimiento, como un solo cuerpo, avanzó hácia la columna haciendo los primeros disparos.

Entonces pudo verse el prodigio. Como por encanto ó movidos por un resorte la indiada y el gauchaje en dispersión desaparecieron de la vista del regimiento, cuyo jefe no sabiendo para que punto seguir avanzando hizo detener la marcha.

En minutos, en segundos, el enemigo habíase disuelto. ¡Vaya un caso!

Perdíase aun en conjeturas el jefe del regimiento urbano dirigiendo sus anteojos en todas direcciones tras la silueta de los últimos centauros en fuga, cuando allá, coronando otra loma, vió un grupo que por momentos iba ensanchándose. Se diría que la Pampa florecía en rebeldes.

-¡Más enemigos! pensó.