—su fuente directa de vida—en pampas de luto donde se ha dejado después él mismo aniquilar lenta, desgarradoramente.
En aquel día de Enero en que un regimiento de soldados, equiparado á la moderna, perseguía el exterminio del habitante indígena de la Pampa, se hacía sentir la seca en una forma casi trágica.
El campo se arrugaba, resquebrajándose á simple vista bajo los rayos de un sol furioso. La sabandija, como en atolondramiento de locura, saltaba desesperada. La mosca brava, el mosquito y el tábano, esgrimían sus dardos y aguijones contra las pobres carnes de hombres y de bestias. El dolor estaba en el aire caliente que soplaba como si acabara de atravesar por el vientre de un horno gigantesco; en la luz, arrojada por el astro formidable como en son de amenaza, con gesto de cólera y en el suelo, dentro del cardal fustigante cuyas espinas diríase aguzadas por el calor. Todo ardía en crispamientos de desesperación y angustia. ¡En tanto el hombre sólo pensaba en exterminar al hombre!