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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/48

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—¿Por qué?

—Estamos en el centro mismo del pajonal. Pa cualquier lao que agarremos tenemos más de dos leguas.

—¿Y Vd. si presentía el hecho porque no ha avisado con tiempo?

El baqueano hizo un ademán extraño que quería decir: Cualquiera le hacía advertencias á este jefe, de aspecto extranjero, con más ínfulas que un emperador. Él no avisó porque la disciplina le impedía hacer oir su voz. Por otra parte algo había hablado sin que le hicieran caso. ¡Si se hubieran hecho á un lao como él dijo!..... Ahora era tarde.

Un momento después comenzaba á sentirse olor á humo.

El pajonal, adonde el caudillo gaucho con astucia felina había conducido al regimiento, acababa de ser incendiado por los cuatro costados. El incendio avanzaba en círculo hacia el centro.