Ir al contenido

Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/49

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
—45—

-¿Para dónde irán los indios?

-Para el sur, mi jefe.

-¡Para el sur, entonces!-exclamó el jefe con gesto heroico.

-¡Cara al fuego, muchachos!-dijo el baqueano castigando el flete y perdiéndose en la espesura.

Fué la señal, el sálvese quien pueda en forma más hermosa. Los esfuerzos del jefe y sus oficiales resultaron inútiles para conservar la disciplina frente á la muerte.

Galopando ya entre llamas los soldados del flamante regimiento iniciaron la dispersión, una dispersión desesperada y única.

Al principio parecieron salamandras modernas atravesando líneas de fuego, sin ver ni sentir el efecto de éste en las carnes, Después, calentadas las ropas, se colorearon los rostros y las manos; de pronto las rachas de viento ya no producían alivio porque parecían arder también, aún en los sitios ralos de pasto, donde el incendio no prendía. Algunos caballos sintieron la asfixia antes que los jinetes y cayeron rendidos, muertos de pie, después de dar generosos á sus ginetes, al par del último latigazo, el