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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/53

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los otros, el nuevo gobierno, y el dolor continuaba pegado á la herida.

La verdad era que el sargento Pereyra les había abierto los ojos. Un día les había echado casi un discurso. Y después, á uno por uno, los fué convenciendo. El sargento les decía:

-Esta vez no nos resignaremos muchachos. Quieren llevarnos pa cuereamnos como á carneros. Y todo para poner otro presidente. No les demos el gusto. Cuentan con nosotros sin decirnos nada. Cuando tengamos que hablar hagámoslo con la boca de los fusiles y las lenguas de fuego contra ellos. Así aprenderán á respetarnos.

Y en ese «aprenderán á respetarnos», dicho con fuerza, había tanta resolución que, después de escuchado, no era dable dudar de la suerte de los oficiales: la frase constituía sus sentencias inapelables de muerte.