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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/55

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extrañeza entre los soldados la noticia llegada esa noche.

Los obreros del puerto habíanse, nuevamente, declarado en huelga y para sofocar á ésta se pedía ayuda á las tropas destacadas en las cercanías. Y los pobres criollos, ofuscados ante el deseo de peliar contra los gringos que perjudicaban al país con sus batuques, según la expresión del comandante del regimiento, no meditaron un solo instante pareciéndoles muy largo el tiempo destinado al alistamiento de armas y útiles de campaña.

A las dos de la mañana estaban en disposición de marcha y en condiciones de entrar en combate contra todas las dinamitas obreras habidas y por haber. Si querían los jefes ya verían los gringos quienes eran ellos, los soldados pampas hechos á todos los dolores, aptos para todos los sacrificios. Si se les dejaba eran capaces de acabar para siempre con las huelgas, porque en su oscura mentalidad pensaban acabar con la enfermedad acabando con el enfermo.

Sin saberse el motivo en las filas hasta dos horas más tarde, cuatro de la mañana, no