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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/57

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hasta esa hora hacen presumir el fracaso del movimiento en la capital, foco principal de éste.

Los oficiales sublevados se consultan. ¿Qué hacer frente al fracaso? Había que esperar la certidumbre. De todas maneras estaban perdidos. No podían volver atrás. Era inútil por cuanto la sublevación se había producido y, tarde ó temprano, tenía que ser conocida. Cuando llegaran informes concluyentes ya resolverían. Algunos opinaban que debía jugarse el todo por el todo: marchar contra la capital, levantando gente en la marcha y allí caer como hombres si era necesario sacrificándose por la causa. La opinión no parecía muy arraigada pero fué echada al viento y recogida sin eco, naturalmente.

Después se habló en frases cortas y nerviosas que atravesaban el aire, éstas como flechas con puntas preñadas de veneno -la ira, la fiebre producida por la derrota prematura- aquellas tristes, quejumbrosas, ebrias de amarga decepción -esperanzas de glorias frustradas al nacer. laureles cortados al ras apenas erguidos sobre la tierra-otras ágrias, ríspidas como silvidos de víbora,