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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/58

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decían de despecho, de encono, de negras pasiones estallando, impotentes, en pechos de bronce; tal cual, resignada, casi doliente, salida con gesto indescifrable por boca rugosa, rompía el áspero concierto evocando una vida inútil, sin voluntad, empujada siempre por el azar y golpeada por el dolor.

En tanto entre la tropa corría el terrible murmullo: nos han engañado y, ahora, querrán vendernos. Y una voz poderosa, formidable, inspiradora de venganzas, rugíales cosas trágicas.

¿Así se hacían revoluciones que no revolucionaban nada? ¿Así se jugaba con ellos, con su sangre, con sus destinos, con sus vidas, arrojándolos al estercolero ó á la muerte sin un escrúpulo, sin un remordimiento? Pues bien, ahora verían lo que ellos significaban, lo que ellos valían, lo que eran capaces de realizar. ¿Salvajes? ¿Y los otros? Los que los arreaban como animales sólo útiles para dar su sangre como si se tratara de un simple negocio de carnicería? ¿Con qué sí? ¿Instrumentos ellos? Ya estaba dicho: lo serían pero de sí mismos. En esa forma aprenderían á respetarlos......