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III
Los miembros de la junta revolucionaria habíanse dado cuenta del estado de ánimo de las tropas y, en consecuencia, propuesto á la oficialidad una huída decorosa. Quedarse implicaba el desafío á la muerte, un desafío á pura pérdida. Ellos, en el momento oportuno, harían entrega de la tropa cargando con la parte de responsabilidad correspondiente en el desastre. El tren, listo para partir, había levantado vapor y sólo esperaba la señal del presidente de la junta para ponerse en camino.
Aceptado el procedimiento los oficiales resolviéronse á ponerlo en práctica sin pérdida de tiempo.