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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/61

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Y la sombra, silenciosamente, comenzó á deshacerse en cadáveres....

Sin un gemido, sin un lamento -el plomo, diligente, sofocaba hasta el sollozo- caían fulminadas aquellas energías, existencias preciosas, juventudes lucientes, víctimas aunque culpables también ellas del salvajismo de una época.