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LA PENDENCIA
I
Iba loco marchando entre los pastos, altos como montes; y en el rostro, como un castigo, sentía el azote de las pajas bravas.
Cruzaba el matorral rumbo al poblado en busca de aguardiente y de pendencia. En la frente el ceño fiero, en los ojos la mirada torva y en lo interior, hinchando el nervio y el músculo, la levadura salvaje de la raza.