Estos señores me han invitao y eso es todo; agregó socarronamente.
Con la llegada del patrón los judíos habían cobrado corage y se pusieron de acuerdo, hablando en su idioma, para deshacerse, en cualquier forma, del pendenciero. Por lo que pudiera acontecer uno de ellos tenía revólver. Y si era necesario se emplearía. La resolución. como se vé, estaba á la altura de las circunstancias y, logicamente, no podía ser otra.
Entre tanto el gaucho había tomado la botella y con una flema única se servía un vaso que empuñó á guisa de bandera. Él se consideraba ya en campo conquistado.
El más quisquilloso de los judíos retiró la botella y se le enfrentó decididamente al gaucho apostrofándole por su actitud. El salvaje no esperó más.
-¡Tomá eso! Y le arrojó, entero, al rostro el líquido servido. Entonces los compañeros se irguieron, rápidos, como tocados. por un resorte eléctrico y trataron de echársele encima al gaucho. Pero éste, como una luz, se les escurrió de las manos y, de un salto, corrióse hasta la pared, escudándose;