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¡Quedáte, Juan! ¡No salgas! ¡No quiero!
-Si no salgo harán fuego contra el rancho. ¡Salvá al chico!
En esto una bala de winchester atravesó el rancho.
-¡Me van á matar el chico; y á vos también!
La situación no podía prolongarse.
-¡Agacháte y salí por este costado! Y la arrastró á la mujer.
El gaucho había calculado todo con precisión admirable. Aparecer de pronto, hacer fuego primero y, aprovechando el tumulto, correr hacia el caballo. ¿Podía aún salvarse?... ¡Él, no! La prenda y el hijo, sí.
III
Transformado en héroe, pues, el gaucho acababa de aparecer en la puerta del rancho. Cien cañones de muerte apuntaron á su