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Página:Carne doliente (cuentos argentinos) (IA carnedolientecue00ghir).pdf/74

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pecho. La prenda salió, arrastrándose, con el chico en brazos, empujada por la voluntad férrea del compañero hacia el costado izquierdo. En tanto é daba un brinco de acróbata en opuesto sentido, pretendiendo descargar su viejo trabuco lleno de recortados hasta la boca. La echa, húmeda quizá, ó enmohecida, no estalló esta vez, aminorando así la figura del gaucho que, entre el fogonazo, hubiera surgido circundada por líneas de fuego, grande, soberbia, heroica, en medio de la noche trágica cuyas primeras sombras escondían el dolor y la muerte.

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-¡A mí cobard.....!

No dijo más. Allí, á diez pasos del moro, que, asustado esperaba, el cuerpo del dueño había caído atravesado por una treintena de balas certeras.

Y mientras la descarga formidable hacía estremecer el corazón de la pampa, sofocaba el estruendo el lamento de una madre y el vagido de un niño huyendo, sombras dolientes, en fuga desesperada, del furor de los hombres.