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EL ENEMIGO...
I
El dia era hermoso. Tranquilo, suave, transparente, fúlgido. Dia de primavera. Los campos parecían dormir como aletargados en una embriaguez deliciosa. Se diría que el amor y la voluptuosidad brindaban, de consuno, en la copa dorada del triunfo, el himno grandioso, solemne y serenamente radiante de la vida. ¡Oh, luz!