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pechos, infiltrándose en nuestra sangre, inundando el cauce vivo de nuestra existencia!
Sobre una loma cercana un grupo. Doce ó catorce hombres, ginetes todos en gordos pingos de campo.
-Caso extraño, dice mi compañero, un criollo de pura cepa - sangre de andaluz y de querandi-tanta gente por este lado, á estas horas y todos juntos.
-Acerquemosnos.
Y, de un galope, estabamos sobre la loma.
-¡Salud, compadre!
-¿Que pasa?
-¿No sabe!
Y escuchamos, por boca del gaucho más ladino del grupo, el tremendo drama.