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II
La tarde anterior, ébrio y loco, el gaucho Ferreyra habia llegado á casa del colono Straus, el viejo colono honra y orgullo de la comarca.
Maria, la más rubia y la más linda de las hijas del colono, salió á recibirle en el palenque.
Desmontado el gaucho acondicionó su cabalgadura y, mientras ataba corto al pangaré oscuro, el más conocido, de los fletes del pago, miraba á la muchacha con ojos llenos de codicia trágica.
-Vengo á buscarla, rubia... porque quiero que sea mia ¿sabe?...
Y le tiró un manotón de bruto que la muchacha esquivó, ágil, huyendo, despavorida, en direccion á las casas.